23 de junio de 2009

Animula vagula

No, hoy no voy a hablar de Adriano. Bien saben los dioses que es mi referente literario y humano por excelencia. Hoy quiero hablar, y no por mis palabras, de esos estados de ánimo que no tienen nombre. De mi espíritu (que nunca podré decir alma) y de sus "vaivenes".

En el ocaso azul,
su arrecife de moras cobija
mi alma inquieta y golosa,
tú, pequeña. La que me invita
al vaivén de palabras arracimadas
en pequeños destellos de luz.

In aeternum.


A. C.

No sé si mi esfuerzo merece tanto reconocimiento, pero, como siempre, doy gracias a los dioses... y ellos ya saben por qué.